Seguridad no es castigo, “es vivir sin miedo”.
Seguridad no es castigo, “es vivir
sin miedo”.
No se trata de estar
“bien” con el otro ni de construir discursos complacientes. Se trata de algo
mucho más básico y, al mismo tiempo, más profundo, vivir en una sociedad
segura. Una sociedad donde el delito no tenga libertad de movimiento, donde
quien decide delinquir sepa que existe un riesgo real, inmediato y concreto.
La seguridad no es venganza ni castigo, es disuasión, es
evitar que el delito ocurra, no reaccionar cuando ya es tarde. Es poder salir
de casa sin miedo, dejar el auto estacionado y encontrarlo igual al regresar,
recorrer la ciudad sin vivir en estado de alerta permanente.
Cuando la disuasión falla, el ciudadano trabaja con el
corazón en la boca, vive pensando que le van a robar la moto, el auto, en el
trayecto, vive adaptando su conducta al miedo y una sociedad que se acostumbra
al miedo deja de ser una sociedad libre.
Hoy la violencia dejó de ser una excepción para convertirse
en un fenómeno cotidiano. No hablamos solo de rapiñas u homicidios, hablamos de
violencia doméstica, de género, conflictos vecinales, agresiones en el
tránsito, hurtos reiterados, todo eso impacta directamente en el trabajo
policial y en la convivencia social.
Por eso necesitamos una policía mejor preparada, mejor paga, no
simplemente más policías. Una policía proactiva, planificada, con inteligencia
y presencia territorial, no una policía reactiva que llega tarde y
sobrecargada. La improvisación no es una política de seguridad.
También es necesario decirlo con claridad, la policía es
parte de la sociedad, el funcionario policial no es una máquina. Tiene los
mismos problemas que cualquier ciudadano, salud mental, estrés, desgaste,
necesidades económicas, familia. Pretender seguridad efectiva sin atender estas
condiciones es una ficción peligrosa.
La delincuencia no surge del vacío, se alimenta del desorden,
de la falta de control, de la ausencia del Estado en el territorio. Cuando no
hay presencia, cuando no hay reglas claras, cuando no hay consecuencias, el
delito ocupa ese espacio.
La seguridad no se resuelve únicamente con patrulleros. Se construye con políticas públicas integrales, iluminación, espacios públicos cuidados, servicios básicos funcionando, presencia institucional constante. La prevención empieza mucho antes del delito.
Insistir en que no se puede colocar un policía en cada
esquina es una verdad a medias, lo que no se puede es vivir sin control, sin
planificación y sin estrategia, el abandono también genera delito.
El miedo no protege, el miedo paraliza. La seguridad, en
cambio, se planifica, se ejecuta y se sostiene en el tiempo, y eso no es
ideología, es responsabilidad del Estado.
-- Edward Holfman EHM
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