Cocaína, territorio y poder, la guerra por la logística en Montevideo
Cocaína, territorio y poder, la
guerra por la logística en Montevideo
Editorial.
En Uruguay ya no se discute si el narcotráfico
internacional opera en nuestro territorio. La verdadera discusión es cuánto
poder ha acumulado, quién lo disputa y cuáles son las consecuencias en la vida
cotidiana de los uruguayos, especialmente en la ciudad de Montevideo.
Uruguay ya no es solo país de tránsito. Es también
país de acopio, re distribución y lavado. Ese salto cualitativo tiene un nombre
propio, “cocaína”. La mercancía más rentable del crimen organizado global ha
redefinido el mapa delictivo en nuestras ciudades, en especial en los barrios
periféricos de Montevideo.
Acopio y tránsito: el nuevo rol
de Uruguay
Durante años, Uruguay fue considerado un “país
seguro” para el narcotráfico, sin guerrillas, con instituciones estables y con
puertos que operaban con escaso control.
El hallazgo de cargamentos de cocaína en
contenedores que partían desde puerto de Montevideo hacia Europa dejó en
evidencia que nuestro país no solo era parte de la ruta, sino pieza clave de la
logística internacional. La llamada “Ruta Contraintuitiva”.
Hoy, en distintos puntos del territorio nacional, zonas rurales, costeras y urbanas la cocaína se almacena, se protege y luego parte en contenedores o mediante rutas aéreas y fluviales.
Este acopio, a
menudo invisible para el ciudadano común, necesita protección armada,
financiamiento y redes locales. Eso explica por qué las bandas criminales
locales se transformaron en actores fundamentales del negocio global.
Montevideo: territorio en disputa
La capital no es ajena. Montevideo es hoy un tablero
dividido entre bandas, donde la lucha ya no es solo por vender droga al
menudeo, sino por garantizar el tránsito seguro de los cargamentos.
En barrios como Cerro Norte, Villa Española,
Casavalle o Piedras Blancas, el crimen organizado compite violentamente por el
dominio de rutas, depósitos, personas clave y complicidades institucionales. La
disputa no es ideológica ni simbólica, es puramente logística y en ese terreno,
la violencia es inevitable.
Las bandas como Los Suárez, Los Colorados y Los
Albín no solo se enfrentan entre sí, sino que funcionan como engranajes
tácticos de una maquinaria mayor, cuyos beneficios están lejos del barrio, cobran
en euros, lavan en inmobiliarias y se negocian en paraísos fiscales.
Sebastián Marset: el operador invisible
Detrás de muchas de estas operaciones aparece una
figura, Sebastián Marset. Un narcotraficante uruguayo que pasó de ser noticia
por su pasaporte a convertirse en símbolo del fracaso institucional para
enfrentar al crimen organizado de alto nivel.
Marset no es un caudillo de barrio. Es un
empresario del crimen, con redes en Paraguay, Brasil, Bolivia y Europa y lo más
preocupante es que parte de su poder se sostiene gracias a estructuras que
operan dentro de Uruguay, desde operadores logísticos hasta lavadores de dinero
con fachada legal.
Mientras las bandas locales se matan por las
esquinas, Marset y otros como él gestionan cargamentos multimillonarios que
parten desde puertos uruguayos hacia destinos globales. Es el crimen en su
forma más moderna y sofisticada, descentralizado, violento abajo, rentable
arriba.
La pregunta ¿y el Estado?
La respuesta estatal ha sido fragmentaria y muchas
veces, reactiva. Se han mejorado los escáneres, se han realizado operativos
puntuales, se usan drones y sistemas acústicos como ShotSpotter, pero la
estrategia integral para desmantelar las redes logísticas y financieras del
narcotráfico sigue siendo una deuda pendiente.
Se persigue al narcomenudeo, al que lleva droga en
una moto, en las bocas, pero se evita investigar las redes que protegen,
financian y exportan toneladas de cocaína desde nuestro país. Se reprime al
soldado, pero se ignora al general.
Conclusión
Uruguay ya no puede seguir negando que está en
medio de una disputa geopolítica del narcotráfico global. La cocaína no solo
pasa, se almacena, se trafica y transforma nuestras ciudades y mientras no se
comprenda que la guerra por la logística es hoy la guerra por el poder real,
seguiremos viendo cómo el crimen organizado se consolida.
Montevideo ya no lucha solo por seguridad, lucha
por su soberanía.
Edward Holfman EHM
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