Seguridad Ciudadana en Uruguay.
Editorial.
La seguridad ciudadana en Uruguay (y en la región en general) se convirtió en un campo de disputa ideológica más que en un espacio de construcción de consensos efectivos. Te lo desgloso en los tres ejes que mencionaste.
El gobierno y el sistema político
Cada administración busca imprimir su sello
partidario: más policías, más cárceles, más programas sociales, más cámaras…
según la orientación ideológica.
Eso genera pendularidad: lo que un gobierno instala, el siguiente lo
desarma, en vez de construir políticas de Estado a largo plazo.
La seguridad termina usada como herramienta electoral: un arma arrojadiza para medir quién “es más duro” o “más humano”.
La academia
y los técnicos
Suelen aportar análisis basados en evidencia, estadísticas y tendencias,
pero muchas veces desconectados de la realidad operativa.
En ocasiones la academia queda atrapada en debates ideológicos (“más
policía vs. más inclusión”), en vez de producir diagnósticos prácticos y
consensuados.
Su valor real debería ser proveer continuidad técnica que trascienda los cambios de gobierno, pero rara vez se logra.
La
policía y el sistema operativo
La fuerza policial queda en el medio, muchas veces usada como escudo
político: se le exige más resultados con menos recursos.
Sus reclamos profesionales (capacitación, medios, protección legal) son
interpretados como “corporativos” o “resistencias al cambio”.
La distancia entre la planificación política y la ejecución real en la calle se traduce en frustración, desgaste y pérdida de legitimidad.
Consecuencias directas
La Justicia recibe los casos sin contar con un sistema sólido detrás:
saturación de juzgados, procesos débiles, reincidencia alta.
El ciudadano común termina siendo rehén de estos choques: paga con
miedo, con la pérdida de confianza en las instituciones y con la percepción de
que “nadie se hace cargo”.
Resultado: inercia y empeoramiento de los indicadores de violencia y crimen organizado.
Reflexión final
La seguridad ciudadana no puede seguir definida por ideologías ni
coyunturas.
Se necesita: Políticas de Estado sostenidas a 10-15 años, con metas medibles. Articulación real entre academia, política y policía, con roles definidos y no competitivos. Un enfoque donde el centro sea el ciudadano, no los partidos, no los gremios, no los ministerios.
Edward Holfman EHM
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