Uruguay adicciones y la urgencia negada.

 

Uruguay adicciones y la urgencia negada.

En Uruguay se habla mucho de seguridad, de narcotráfico, de consumo. Pero poco muy poco se habla de adicciones y cuando se habla, muchas veces se hace desde el prejuicio, la ignorancia o el discurso fácil. Se criminaliza al adicto, se romantiza el consumo, o se banaliza el drama. Pero casi nunca se va al hueso.

La adicción no es sólo un problema médico, es también un síntoma social, un fracaso del sistema educativo, de la política de salud mental, de las respuestas del Estado y de los lazos comunitarios. Las adicciones destruyen vidas, familias, barrios enteros. Generan violencia, alimentan mercados ilegales, sobrecargan cárceles y hospitales. Pero seguimos actuando como si fuera un tema menor.


Un país que consume mucho, pero no responde. Uruguay tiene uno de los índices de consumo de marihuana más altos de América Latina, un consumo sostenido de cocaína en polvo y en pasta base, alcoholismo en aumento entre jóvenes, y una expansión preocupante del uso de psicofármacos sin control. Sin embargo, el país carece de un verdadero plan nacional integral contra las adicciones.

Los centros de atención son pocos, mal financiados o inadecuados. La prevención en escuelas es marginal o inexistente. Las campañas públicas son esporádicas y tibias y en muchos casos, se deja el tratamiento de personas vulnerables en manos de organizaciones improvisadas, con escasa regulación, sin enfoque científico, y a veces con componentes religiosos o sectarios más que terapéuticos.

Enfermos tratados como delincuentes, en lugar de asistencia, muchas veces hay castigo. El adicto termina preso por rapiñar, por hurtar para sostener su consumo. Pero nunca se llega al que introduce la droga, al que la produce o lava el dinero. El sistema penal se ensaña con el eslabón más débil. Las cárceles uruguayas están llenas de jóvenes con consumo problemático, que no reciben ningún tratamiento.

¿Cuál es el plan de rehabilitación para ellos? Ninguno. ¿Dónde están los que deberían actuar?

La política parece ausente. Los ministerios de Salud, Educación, Desarrollo Social y el propio Ministerio del Interior deberían coordinarse, pero actúan como compartimentos estancos. Las juntas nacionales de drogas tienen nombres pomposos, pero sin músculo ni presupuesto. Los legisladores hablan de narcotráfico, pero no de tratamiento, prevención o reinserción.

En los barrios, la realidad golpea, los barrios más carenciados, padres desesperados, niños que comienzan a consumir desde los 10 o 12 años, adolescentes atrapados la pasta base, mujeres adictas que además son víctimas de violencia y explotación. El daño es inmenso. Pero sigue siendo invisible.

Un problema incómodo, sensible, ignorado… hasta que nos toca

Tal vez no hablemos de adicciones porque es un tema incómodo. Porque no es fácil encontrar soluciones, porque cuesta mirar de frente a una madre que perdió a su hijo por sobredosis, o a un chico de 17 años, quebrado por dentro, que sólo pide ayuda, porque nos interpela. Y nos duele.

Pero justamente por eso hay que hablar, con seriedad, con sensibilidad, con datos y con humanidad. No alcanza con decir “la droga es un flagelo”, hace falta un plan integral, políticas públicas reales, recursos, centros dignos, equipos técnicos, contención familiar, prevención barrial, articulación entre actores y, sobre todo, voluntad política.

La adicción no es una elección, es una enfermedad, pero también es el reflejo de una sociedad rota. Cuando naturalizamos el abandono, cuando etiquetamos al adicto como “peligroso” y cuando lo encerramos sin tratarlo, estamos sembrando una tragedia mayor.

Uruguay no puede seguir negando lo evidente, lo real, las adicciones existen, crecen y matan a muchas personas, y si no hacemos nada, la próxima víctima puede estar más cerca de lo que creemos, inclusive dentro de nuestras propias familias.

 

Edward Holfman EHM

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