Palabras huecas frente al Crimen.
Palabras huecas frente al Crimen.
Editorial
Mientras los gobiernos pasan y cambian los discursos, la
inseguridad sigue instalada como uno de los principales problemas que enfrenta
la población uruguaya. Los hurtos, las rapiñas y los homicidios no cesan.
Hemos llegado a naturalizar la violencia cotidiana de una
rapiña y también la violencia extrema que deja muertes por violencia doméstica
o crímenes vinculados al narcotráfico.
El consumo de drogas es otro reflejo de la crisis. Cocaína,
marihuana, drogas de síntesis y la maldita pasta base que desde hace décadas
inunda nuestro mercado interno están destruyendo vidas todos los días. Esta
última, proveniente de Perú, sigue siendo la más devastadora y mientras tanto,
se repite el mismo libreto, todos prometen combatir el narcotráfico, el crimen
organizado y el lavado de activos.
Sin embargo, la realidad muestra que las organizaciones
criminales se adaptan, modifican sus operaciones y continúan evadiendo
controles.
El ejemplo del puerto de Montevideo es revelador: tras la
instalación de nuevos escáneres, la droga simplemente comenzó a salir por la
costa en embarcaciones menores, para luego “infectar” barcos o contenedores en
alta mar.
Lo mismo ocurre en nuestras fronteras, un verdadero colador
donde cada institución maneja su “chacra”, Aduana, Policía, Ejército.
Mientras tanto, el contrabando y la droga fluyen sin freno.
La cocaína ingresa desde Bolivia en avionetas o por tierra, la pasta base llega
por rutas desde Perú, y las armas atraviesan de un país a otro sin mayor
control.
En la frontera con Brasil, el tránsito de personas muchas
veces migrantes en situación vulnerable es terreno fértil para delitos como
trata de personas, explotación sexual, extorsión y trabajo forzoso. Se habla de
esto “a gritos”, pero nadie quiere “hacer olas”.
Es un negocio millonario y cada departamento tiene su cuota
de participación en actividades ilícitas: contrabando, drogas, armas, trata y
hasta turismo sexual.
A ello se suma otra herida abierta, la violencia de género.
Aunque existe legislación, falta voluntad política y recursos para enfrentar
una realidad que golpea sin piedad a miles de mujeres en el país.
Escuchar a las autoridades repetir que habrá “lucha frontal
contra el narcotráfico y el lavado” ya roza lo ofensivo, cuando desde hace dos
décadas seguimos con un 55% de nuestro espacio aéreo sin radarizar, no se sabe
lo que entra ni lo que circula. Avionetas con hasta 480 kilos de cocaína
sobrevuelan y descargan en campos del norte como si nada, y surge una pregunta
obvia: ¿de dónde sacan los criminales el combustible de aviación (Avgas) para
estas aeronaves? Un insumo que no puede reemplazarse con nafta común ni con Jet
Fuel, pero que de algún modo se consigue en nuestro territorio.
A esto se suma el debilitamiento institucional, se cierran
seccionales, se retiran policías de las calles, se desmantelan jefaturas y la
Policía se distancia cada vez más de la comunidad.
El vecino ya no conoce a su comisario, ni el policía conoce
al barrio. El mapa del delito, por su parte, refleja apenas un 27% de la
realidad, porque el 73% de los delitos no se denuncian.
La conclusión es tan dura como evidente, no existe voluntad
política real para enfrentar al crimen organizado.
Se improvisa, se promete, se oculta, pero no se actúa con la
contundencia que exige un problema que atraviesa todo el país y pone en jaque
el presente y el futuro de Uruguay.
Edward Holfman EHM
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