Lavado de activos: el mito urbano que nos vendieron
Lavado de activos: el mito urbano que nos vendieron
Por Edward Holfman
Un viejo rumor que nunca dejó de ser verdad
En Uruguay, el término lavado de activos suena moderno, técnico, sofisticado. Pero décadas atrás se decía de forma más simple: “se lava dinero”.
La reacción, sin embargo, siempre fue la misma: mirar para otro lado.
Se instaló la idea de que eran rumores urbanos, comentarios sin pruebas, dichos de la gente en voz baja.
La historia que no nos contaron
Pasaron los años, pasaron los gobiernos, y nada cambió.
En nuestro país lavaron dinero:
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El Cartel de Medellín de Pablo Escobar.
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El Cartel de Jalisco Nueva Generación.
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El Cartel de los Cuinis.
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La mafia italiana ‘Ndrangheta.
Y aun con esos antecedentes, se insiste en que todo es un mito.
Donde “rompe los ojos”
La evidencia no está oculta:
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Emprendimientos inmobiliarios que superan la lógica del mercado.
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Inversiones turísticas millonarias.
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Dinero en el fútbol profesional.
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Operaciones extrañas en la construcción.
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Automotoras con flotas de lujo.
Casos como el sindicalista argentino o Conexión Ganadera son ejemplos recientes.
Ni hablar de las toneladas de cocaína que atraviesan Uruguay rumbo a Europa, Asia y Oceanía.
El relato oficial vs. la realidad
El discurso institucional insiste: “acá hay instituciones fuertes, un sistema robusto”.
Mientras tanto:
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Las cárceles están llenas de vendedores de esquina, transportistas y cuidadores de bocas.
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Los grandes lavadores, los que insertan millones en el circuito legal, están tranquilos en sus casas.
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Policía y justicia rara vez tocan sus puertas.
El problema estructural
El narcotráfico no crece solo.
Se alimenta de connivencia o complicidad en las alturas.
Nombres como Rocco Morabito, Gerardo González Valencia y Sebastián Marset son prueba suficiente.
Pero aún así, se repite el mantra: “el narco no llegó a nuestras instituciones”.
Conclusión: ¿ingenuidad o complicidad?
Creer que todo esto es un mito urbano es, en el mejor de los casos, ingenuidad.
En el peor, es complicidad.
Mientras sigamos sosteniendo ese relato cómodo, el dinero sucio seguirá lavándose a plena luz del día, sin que pase absolutamente nada.
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